sábado, 7 de junio de 2014

Pentecostés: el Espíritu Santo.

En nuestro Catecismo de la Iglesia Católica dice:

"Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que "habló por los profetas" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150) nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos "desvela" a Cristo "no habla de sí mismo" (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué "el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce", mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17)

La Iglesia, comunión viviente en la fe de los Apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:

– en las Escrituras que Él ha inspirado;
– en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales;
– en el Magisterio de la Iglesia, al que Él asiste;
– en la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en comunión con Cristo;
– en la oración en la cual Él intercede por nosotros;
– en los carismas y ministerios mediante los que se edifica la Iglesia;
– en los signos de vida apostólica y misionera;
– en el testimonio de los santos, donde Él manifiesta su santidad y continúa la obra de la salvación.

Se acerca Pentecostés que si bien es la celebración de un hecho, el protagonista principal es la tercera persona de la Santísima Trinidad, muchas veces la menos "conocida" ya que no se representa con rostro humano como a Dios Padre y Dios Hijo, tiene una gran cantidad de nombres y símbolos lo que debemos cuidar es que queda claro que es Dios, muy pronto tenemos la celebración de la Trinidad para ampliar estos significados...

En familia queremos:

- Preparar el altar con el color litúrgico (rojo), con el cirio y siete velitas alrededor que nos recuerdan los dones, también una paloma, el agua bendita, alguna imagen de Pentecostés (obra de arte) y cajitas con los frutos.

- Participar de la misa con gran gozo, pensar que es el cumpleaños de la Iglesia,que aquel día comenzó y desde entonces el Espíritu Santo está con nosotros.

- Bendecir la mesa con una oración al Espíritu Santo.

- Repasar los dones y frutos para ver como actúa en nuestra vida continuamente y casi no lo invocamos (al menos en nuestra familia, nos falta profundizar esto) el Espíritu Santo nos puede ayudar a invitar a alguien a misa, a desprendernos de algo que nos cuesta, a tomar una decisión (vocación, carrera, viaje, un cambio, trabajo, servicio, etc.) a veces nos parece que no podremos hacer algo porque lo pensamos desde nuestro razonamiento, mientras que el Espíritu Santo con sus dones de sabiduría, entendimiento, consejo nos puede ayudar a decidir mejor. Esto es solo un ejemplo, cumplir la Voluntad de Dios es a cada minuto y solos no podemos dar un si fiel y verdadero.

-Observar obras de arte que nos muestran este momento tan especial, conozco dos o tres que me encantan, siempre me llama la atención, María en el centro y los apóstoles como reunidos alrededor...también ver como el autor lo simboliza al Espíritu Santo.

-Durante la semana rezar la secuencia (particularmente me fascina), cada día profundizar o meditar en uno de los adjetivos, colocarlo en un cartelito y que esa frase anime nuestro día (una forma simple y concreta de interiorizar estas cosas que a veces solas no salen o "no entran").

¡¡¡ESPÍRITU SANTO ILUMÍNANOS!!!






A.M.D.G.
Laura.


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